(via medusaspajamas)
Igual que éste, crea el olvido; pero lo hace desprendiendo a la persona humana de sus contingencias para transportarla a un estado de libertad inicial; incluso del pedante y el burgués hace, de un solo golpe, una especie de vagabundo. El tiempo, según se dice, es el Leteo. Pero el aire de las lejanías es un brebaje semejante, y si su efecto es menos radical, es en cambio mucho más rápido. — La montaña mágica. thomas Mann
−¿El momento?
-El momento en que tú descubras que no es necesario cortarte algo de ti mismo para arrojarlo fuera…
Lo más importante es que aquí cada uno es quién es y qué vamos diluyéndonos en lo que nos rodea. Si actúas de este modo, no tendrás ningún problema.
—¿Diluirse?
—Es decir, que cuando tú estás en el bosque, tú eres, sin fisuras, par¬te del bosque. Cuando estás bajo la lluvia, tú eres, sin fisuras, parte de la lluvia que cae. Cuando estás inmerso en la mañana, tú eres, sin fisu¬ras, parte de la mañana. Cuando estás delante de mí, tú eres parte de mí. De eso se trata. Explicado de una manera fácil de entender.
—Cuando tú estás frente a mí, eres parte de mí.
—Sí.
—¿Y qué sensación produce eso de que siendo completamente tú pases a formar parte, sin fisuras, de otra cosa?
Ella me mira de frente. Se toca la horquilla del pelo.
—Que yo, siendo yo, pase a ser una parte sin fisuras de ti es algo muy natural cuando te acostumbras, incluso algo muy sencillo. Como volar por el cielo.
—¿Puedes volar por el cielo?
—Sólo era un ejemplo —dice ella sonriendo. Una sonrisa por el pla¬cer de sonreír. Desprovista de significados profundos o de sentidos ocultos—.Tampoco puedes entender qué es volar por el cielo hasta que vuelas de verdad. Se trata de lo mismo.
Sigo avanzando, empujado, por detrás, por el latido de un cora¬zón gigantesco. El camino me conduce a un lugar especial dentro de mi corazón. La fuente luminosa que hila la oscuridad, la génesis de los ecos mudos. Quiero ver con mis propios ojos qué hay allí. Soy mi propio emisario, custodio una importante carta personal, lacrada y se¬llada, que va dirigida a mí mismo. — kafka en la orilla. Haruki Murakami
-¿Y por qué me preguntas esto?
−Es que yo no tengo la menor idea. Por eso te lo pregunto a ti. Porque es la primera vez en mi vida que quiero a alguien y que lo necesito. Tampoco a mí me había querido o necesitado alguien antes.
−Y, por lo tanto, estás confuso y te sientes desconcertado. Asiento.
-Estoy confuso y me siento desconcertado.
-Y no sabes si este sentimiento fuerte y puro que abrigas hacia ella lo abriga también ella hacia ti -dice Ôshima.
Sacudo la cabeza.
-Y cuando empiezo a pensar en ello, sufro.
Ôshima enmudece, contempla el paisaje que nos rodea con los ojos entrecerrados. Los pájaros saltan de rama en rama. Él mantiene ambas manos cruzadas detrás de la nuca.
-Entiendo muy bien cómo te sientes -dice Ôshima-. Sin embargo, esto debes pensarlo por ti mismo, juzgarlo por ti mismo. Nadie puede pensarlo por ti. El amor es así, KafkaTamura. Si son tan sólo tuyos esos maravillosos sentimientos que casi te impiden respirar también debes ser tú quien vague perdido por las profundas tinieblas.
Y tienes que ser tú quien debe soportar esas tinieblas con tu cuerpo y con tu corazón.
A las dos y media, Ô — Kafka en la orilla, Haruki Murakami